La lucha de una familia por acceder a un tratamiento oncológico de alto costo pone en evidencia las dificultades del sistema de salud. La solidaridad comunitaria y la donación de una dosis permitieron ayudar a otra paciente en situación similar.
Delicia M., de 65 años y residente en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires, falleció a fines de enero pasado a causa de un melanoma que derivó en metástasis. Aunque sus chances de sobrevida eran bajas, el tratamiento con pembrolizumab podría haber mejorado su calidad de vida. Sin embargo, el alto costo y las demoras en la autorización de PAMI lo impidieron.
Sus hijas iniciaron una campaña solidaria para recaudar fondos, pero Delicia falleció antes de que se realizara el evento. Un día después de su muerte, PAMI autorizó la entrega del medicamento. Las hijas, al recibirlo, decidieron donar la dosis a través de un medio local.
La beneficiada fue Ángeles, una mujer de 50 años con un linfoma T que no respondió a otros tratamientos. Sin obra social y sin poder costear el tratamiento, recibió la dosis donada. Sin embargo, necesita continuar el tratamiento y aún espera una respuesta del sistema público de salud para acceder a la segunda dosis.
En el último año, la competencia entre los laboratorios MSD (con Keytruda) y Elea (con Pembrox) redujo sustancialmente el costo del pembrolizumab. No obstante, sigue siendo un tratamiento de alto costo, inaccesible para quienes no tienen cobertura médica, como el 39% de la población según el Censo 2022.
«Los casos que atendemos tienen que ver principalmente con las demoras en la entrega por parte de obras sociales», aseguró Silvina Mercado, de la asociación Apradoc, que ayuda a pacientes con cáncer. La entidad triplicó su trabajo en el último año debido a la alta demanda.
