El tránsito de Venus retrógrado, previsto entre octubre y noviembre de 2026, es señalado por especialistas como un período de introspección y revisión en lo afectivo y económico.
El cielo ya tiene marcada una de las citas astrológicas más significativas para 2026: el tránsito de Venus retrógrado. Este fenómeno, que ocurre aproximadamente cada 18 meses, es interpretado como un tiempo de pausa emocional y vinculación que, según la astróloga Beatriz Leveratto, puede sentirse tanto en el plano afectivo como en el económico.
«Venus es regente de Tauro y de Libra, simboliza nuestra capacidad de amar, de aceptar e incluir a los demás; sugiere cuánto y cómo nos amamos y valoramos a nosotros mismos», explicó Leveratto. En ese sentido, no se trata solo de relaciones de pareja, sino de una revisión más amplia sobre el valor personal, la autoestima y la manera en que se construyen los vínculos.
La retrogradación es un fenómeno aparente: «Venus, por su cercanía al Sol, tiene una órbita mucho más corta que la Tierra y genera una ilusión óptica que pareciera ‘adelantarse’ a nuestro planeta haciendo que desde nuestra perspectiva lo viéramos moverse ‘hacia atrás'». Esa aparente marcha inversa es la que, en astrología, se interpreta como un tiempo de introspección.
En 2026, el tránsito comenzará el 3 de octubre a 3 grados de Escorpio y se extenderá hasta el 14 de noviembre, a 22 grados de Libra. ¿Qué implica este período? La especialista lo resume como una invitación a revisar en profundidad: «Este periodo entre octubre y noviembre del 2026 con Venus retrógrado va a invitarnos a resignificar nuestros valores, a rever nuestras formas de amar, a revaluar y retomar quizás las cosas que hasta ahora no pudimos pacificar o no supimos darle el valor que merecen».
En términos prácticos, puede ser un momento clave para tomar decisiones postergadas o reencauzar aspectos de la vida cotidiana. «Son días ideales para reelegir trabajos, inversiones y decisiones financieras», señaló. Pero el foco principal sigue puesto en lo emocional: «Para comprender con mayor profundidad (e intentar sanar) las heridas que nos haya dejado el amor, tanto de pareja como familiar».
De acuerdo con Leveratto, todo tránsito retrógrado no necesariamente trae crisis, sino más bien una oportunidad. Una pausa obligada para revisar lo que suele quedar relegado: los vínculos, los deseos y aquello que realmente tiene valor. En ese sentido, el último tramo de 2026 se perfila como un tiempo para mirar hacia adentro antes de avanzar.
