Desde este jueves, el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires dispuso que, en todas las escuelas secundarias, públicas y privadas, los estudiantes y docentes no podrán usar celulares durante las horas de clase. El uso en recreos queda a criterio de cada institución, y cualquier actividad digital debe realizarse con dispositivos provistos por la escuela.
La política se enmarca en el programa “Aulas libres de celulares”, que ya había alcanzado a los niveles inicial y primario en 2024. El objetivo declarado es reducir distracciones, mejorar la concentración y fomentar el aprendizaje. El Gobierno porteño también plantea la necesidad de que las familias acompañen la medida, reforzando la corresponsabilidad en el cumplimiento.
Lo que cuentan los estudiantes
En la Técnica N°4 República del Líbano, los alumnos relataron que la rutina no cambió con el anuncio oficial. Explicaron que desde el inicio del ciclo lectivo los celulares están prohibidos en clase, salvo cuando algún docente los pide como recurso pedagógico. En los recreos y horas libres, en cambio, los usan con normalidad: para escuchar música, revisar redes sociales o comunicarse con amigos.
Benjamin, de 14 años, contó: “Me da igual que me lo dejen usar o no. Estoy acostumbrado en primaria a no usarlo en clases. Hoy lo usamos en el recreo, pero si lo sacan no me importa”. Por su parte, Lucas, de 13, agregó: “Hoy traje el celular pero lo tenía que tener en la mochila. Solo lo usé en el recreo para Mercado Pago en el kiosco. Y me parece bien”.
Umma, también de 13, explicó: “En el aula no se puede usar salvo que lo autorice mi profesor. Y en los recreos sí lo podemos usar. Yo pienso que está bien no usarlo en clase, pero en el recreo no me afectaría tanto porque solo lo uso para hablar con mi mamá”.
La mirada de los padres
Los padres coincidieron en que el celular no debería ser un problema si se limita a los momentos libres, aunque reconocieron que en casa la distracción es mayor.
Yanina, mamá de Benjamín, opinó: “La medida está bien porque sino se distraen mucho. En casa es muy difícil porque se distrae demasiado con el tema de estudiar. Sirve para muchas cosas también, tiene sus pros y contras. Si bien los ayuda para algunas tareas, termina dificultando porque los distrae. Está bien porque tienen otros métodos también para estudiar. Desde la app AprendeBA nos preguntaron si aceptábamos o no esa decisión”.
Leila, mamá de Lucas, fue contundente: “Me parece perfecta la medida porque hace que los niños se concentren más en el estudio”.
Mariela, mamá de María Sol, recordó: “Nos informaron el primer día de clases que el celular no estaba habilitado para estar mensajeando, etc. Solo si algún docente quiere implementarlo para algo en la clase. Incluso los padres no podemos llamarlos, sino que tenemos que comunicarnos con el colegio cualquier cosa. En el recreo sí podían usarlo o para una emergencia”.
Aunque los padres y alumnos se mostraron predispuestos a dar su opinión, las autoridades de la escuela reaccionaron con incomodidad y de mala manera ante la presencia del diario en la puerta, en contraste con la naturalidad con la que los estudiantes y sus familias hablaron del tema.
Otras escuelas, otras miradas
En San Cristóbal, Eugenio Luis Rzotkiewicz opinó: “Estoy totalmente de acuerdo con que los chicos no usen el celular. Lo que sí me parece es que en hora libre y en los recreos deberían habilitarlo, porque muchas veces lo necesitan para Mercado Pago en el buffet, para mandar un mail o buscar información”. Su hija María Emilia agregó: “El celular forma parte de nuestra vida cotidiana. Si está completamente prohibido, muchas veces no sabemos qué hacer. Además, tampoco se permiten otras actividades simples como jugar a las cartas o tomar mate, que ayudan a socializar”.
En Palermo, Vanina Albaranque, madre de Paloma, fue crítica: “No estoy de acuerdo porque el celular es de uso personal. Me parece un atropello hacia la decisión individual. Mi hija lo tiene para emergencias. Esto no tiene que ver con la educación, ya que debería estar más avanzada en el uso correcto de la tecnología. Las escuelas no son cárceles”.
En Chacarita, Rosa Pacheco señaló: “Me parece perfecto que los alumnos no usen sus celulares en el colegio, lo mismo debería ser para los maestros y profesores, que muchas veces desatienden a sus alumnos por estar en redes sociales. Que sea justo para ambos lados”. Su hijo Mateo, de 16 años, discrepó: “No estoy de acuerdo, yo lo uso para avisar a mi mamá si llegué bien o si me pasó algo. Algunos lo usan para jugar, pero no todos hacemos eso”.
En la Escuela Politécnica Manuel Belgrano, Jazmín Gauna, madre de Ámbar, sugirió: “Me parece bien que no tengan los celulares durante las clases. Estaría bueno que el profesor los recolecte en una cajita y los devuelva en los recreos”. Ámbar, de 18 años, planteó otra mirada: “No me parece necesario. Después de la pandemia se normalizó mucho el uso del celular para las tareas. Además, no todos pueden comprar libros, algunos los leemos desde el celular. Yo no me distraigo con el celular, me distraigo más con mis amigos”.
Entre la norma y la práctica
La experiencia en las diferentes escuelas, según los relatos de alumnos y padres, muestra que la medida se cumple en lo esencial: los celulares no se usan en clase salvo autorización docente. Sin embargo, también refleja que su aplicación se adapta a cada contexto escolar, permitiendo el uso en recreos o en situaciones puntuales.
En el colegio al que asiste Emilia, por ejemplo, directamente el celular dejó de ser un medio de pago: solo se permite el uso de efectivo en el buffet. Además, las familias que deseen comunicarse con sus hijos tienen a disposición el teléfono del colegio o el correo electrónico del consejero de cada curso.
Si bien, en la mayoría de los colegios no hay un incumplimiento, lo que aparece es una distancia entre el ideal de “aulas libres de celulares” que plantea el Gobierno porteño y la práctica cotidiana, donde el dispositivo sigue presente aunque bajo reglas claras y con ajustes propios de cada institución, salvo el colegio de Emilia.
La medida abre un debate sobre el rol del celular en la vida escolar: ¿Herramienta pedagógica, distracción o espacio de socialización?
Colaboró: Candela Toledo
PS
