InicioDeportesEl destino de glamour en Brasil con playas de ensueño y aventura

El destino de glamour en Brasil con playas de ensueño y aventura

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Angra dos Reis provoca cierto desconcierto inicial, probablemente el mismo que tuvo Gaspar de Lemos, el navegante portugués que entró en esta bahía en 1502. Era un seis de enero, día de Reyes, por eso la bautizó primero con el nombre de Vila dos Santos Reis Magos, pero era muy largo y quedó Angra dos Reis (ensenada de los reyes).

Lemos desembarcó en lo que creyó que era la costa, pero en realidad era la isla Grande, tan enorme que le pareció haber llegado al continente. Angra dos Reis es el nombre de un municipio del estado de Río de Janeiro.

La ciudad principal también se llama Angra dos Reis, pero su atractivo es que allí está uno de los dos muelles públicos para hacer excursiones, tanto para ir a Ilha Grande, la gran protagonista, como para algunas de las 365 islas que conforman el archipiélago.

La costa continental no tiene las playas amplias como las de Río de Janeiro, por eso el plan aquí es hacer playa, pero en las islas. Habrá entonces que planificar los paseos por mar combinando el lugar de residencia en el continente con el punto desde donde se harán los paseos.

Navegando cerca de la Lagoa Azul, en Isla GrandeMario Cherrutti

Esta Costa Verde es intrincada, llena de subidas y bajadas, un solo carril por mano, por lo que, aunque la distancia parezca corta, los traslados llevan tiempo. Una opción es hacer base directamente en Ilha Grande que combina naturaleza virgen, senderismo y varias playas espectaculares. Los muelles de Santa Luzia y Conceição de Itacari ofrecen varios servicios regulares en “flex boats”, lanchas colectivas de hasta treinta y cinco pasajeros, que llegan a Vila Abrãao en la isla.

Vila Abrãao es un caserío de no más de diez manzanas sobre la costa noreste donde hay restaurantes, supermercados, farmacias, pequeñas agencias de viaje para recorrer otras islas, puestos de alquiler de máscaras de snorkel, recuerdos marítimos, ropa de playa y la Iglesia de São Sebastião del siglo XIX. Los recién desembarcados en el muelle, deben tomarse la foto junto al cartel “Eu love Ilha Grande”, esquivando los capitanes de lanchas taxi que vocean su servicio exprés para ir a otras playas de la isla.

En el entrada al muelle de la Vila do Abrãao está el cartel “Eu love Ilha Grande”Jesica Rizzo

La superficie de la isla Grande es de 193 km cuadrados, casi equivalente a la de la ciudad de Buenos Aires, llega a los 30 kilómetros de longitud y casi 12 en su parte más ancha. No hay caminos internos ni vehículos, por lo que contar con una lancha taxi para llegar a otros puntos por mar, es fundamental.

La isla que alguna vez albergó una cárcel de máxima seguridad, hoy es un santuario de la mata atlántica, está declarada Patrimonio de la Humanidad y es un caso de estudio en el equilibrio entre el ecoturismo y la conservación. Para afrontar el impacto del alto flujo turístico, el gobierno municipal ha anunciado la implementación de la Tasa de Turismo Sostenible (TTS), que entrará en vigor de manera gradual a partir de 2026. Estará en plena vigencia para 2028 y establece pagos diferenciados según el destino: quienes se queden en Isla Grande pagarán una tasa mayor que quienes se hospeden en el continente, e irá subiendo según el tiempo de permanencia en la isla. Algo similar ocurre en la isla Fernando de Noronha en el estado de Pernambuco.

Los fondos recaudados se destinarán a ambiciosas metas ambientales y de infraestructura, incluyendo los programas de “Esgoto Zero” (cero aguas residuales) y “Lixo Zero” (cero residuos), así como a la revitalización de muelles estratégicos como el de Santa Luzia en la ciudad de Angra, y el de Vila do Abraão.

La iglesia San Sebastián del siglo XIX en Vila do Abraão, en el fondo el Pico do PapagaioJesica Rizzo

Isla Grande es también reconocida por albergar una de las mejores playas de todo Brasil, la Lopes Mendes. Llegar a ella no es fácil. Solo los muy entrenados pueden elegir hacer las casi tres horas de caminata a través de la selva, subiendo y bajando “morros”, aprovisionados de agua, sombrero, repelente y protector solar, pero la mayoría va en lancha taxi hasta la playa de Pouso y allí le esperan veinte o treinta minutos de caminata.

La playa Lopes Mendes está en la costa sureste, del lado del mar abierto, por eso los taxi lancha no llegan hasta allí. Hay poca infraestructura, apenas unos puestos de venta de bebida, por lo que habrá que llevarse víveres y calcular el tiempo de vuelta para tomar el taxi de regreso desde Pouso. Es una playa de casi tres kilómetros de extensión, de arena blanca y fina, con un marco exuberante de selva y cocoteros que prestan sombra y olas que atraen a los surfers. También hay monitos tití que compiten por la atención.

Leste es otra playa de ese lado de la isla, más chica y más reparada que Lopes Mendes, pero con similares características. Aquí sí llegan los taxi lanchas. Cuenta con un único restaurante. Se puede llegar a pie también, pero con una caminata muy exigente por la selva, con subidas y bajadas, solo para expertos.

Le sigue sobre la costa sureste la Praia do Aventureiro, ubicada en un área de preservación ambiental con un cupo limitado de 560 visitantes, por lo que habrá que obtener un permiso de ingreso en el muelle de Santa Luzia con anticipación. No hay electricidad ni señal de celular, pero está permitido acampar (con permiso). Es conocida por su icónico “Coqueiro Deitado”, una palmera cuyo tronco corre paralelo a la arena, hasta que se dobla en un ángulo de noventa grados con su copa al cielo.

La playa Lopes Mendes en BrasilShutterstock

Sobre la costa que mira al continente, las playas son pequeñas bahías de aguas tranquilas. Una de ellas es la piscina natural de la Lagoa Azul, perfectas para el snorkel, tal vez la segunda playa más recomendada después de Lopes Mendes.

Muy cerca está la playa Freguesia de Santana. Hay una iglesia del mismo nombre de 1843 con un cementerio antiguo. Algunos domingos se celebra misa.

El encanto de Isla Grande es la sensación de jugar a Robinson Crusoe, pero con otros náufragos que ya abrieron posadas y restaurantes y que pasan datos sobre playas secretas a las que no va nadie.

La ausencia de huellas de civilización como iluminación, asfalto y veredas, vehículos y semáforos, entrega noches serenas con el runrún del mar como único arrullo.

Una frase que se repite seguido es que en Angra hay una isla para cada día del año. Y si bien es imposible recorrer las más de trescientas islas y sus playas secretas en unas vacaciones, sí podemos conocer las más icónicas.

Dependiendo del punto de partida, la isla de Cataguases es un conjunto de tres islotes pequeños, muy cerca del continente, con aguas poco profundas, arena blanca y fina. Las lanchas y barcos suelen anclar a metros de la costa, los pasajeros se zambullen y van nadando a la orilla o se quedan espiando la vida bajo el agua con máscaras y la ayuda de “flota flotas”. En unos pasos se atraviesa la isla y se llega del otro lado donde hay otra playa sin embarcaciones.

Una de las postales clásicas de Angra son las islas Botinas, conocidas como “las gemelas” por tratarse de dos pequeñas islas enfrentadas, las únicas rocosas de toda la bahía. Sus aguas son extremadamente claras y se llega a ver hasta diez metros de profundidad.

Cataguases es un conjunto de tres islotes pequeños con aguas poco profundas, arena blanca y finaShutterstock

Gipóia es la segunda isla en tamaño después de isla Grande y una de las más visitadas. Cuenta con una infraestructura turística para pasar el día, con bares y restaurantes, y varias playas para visitar.

Una de ellas es la playa do Dentista, punto de encuentro de lanchas y yates, especialmente en verano, y con un clima de fiesta cómplice entre embarcaciones. Su nombre oficial es Jurubaíba, pero el odontólogo de políticos y celebridades, Olympio Faissol, construyó su casa allí y por eso se la conoce como la “del dentista”.

Praia das Flechas es otra opción en Gipóia, una bahía muy tranquila con buena oferta de bares y restaurantes en la orilla.

Con tantas islas, algunas tienen dueño. Es el caso de la isla Dos Porcos también conocida como la isla Pitanguy, propiedad del conocido cirujano plástico brasileño. En los años 70 construyó allí una mansión difícil de divisar desde el agua, camuflada por la vegetación, solía recibir celebridades. Sus cenizas fueron esparcidas allí a su muerte en 2016.

Otras siguen en busca de dueño. El jugador del Santos, Neymar, casi compra en 2024 una isla ubicada a siete kilómetros de la costa, pero sigue a la venta por 13 millones de dólares; cuenta con helipuerto propio y una casa de 2500 metros cuadrados.

Las islas son punto de encuentro de lanchas y yates, especialmente en veranoMario Cherrutti

Menos difundidas, tal vez porque es mejor negocio promover las islas, en el continente hay algunas playas deslumbrantes para pasar el día. Una es la llamada “playa del Laboratorio”, ideal para quienes encuentran demasiado fría el agua del mar: aquí tiene hasta cinco grados más de temperatura. La razón es que enfría las turbinas de las centrales nucleares Angra 1 y Angra 2, volviendo al mar caliente pero sin contaminación.

El agua cristalina de la Ilha de CataguasesTino Plunert – Getty Images

Otra mucho menos conocida es la de Sororoca, pero llegar no es sencillo. Desde la ruta que va a Rio hay un desvío antes de llegar a Caratucaia que indica “Trilha de Sororoca”. Habrá que bajarse y hacer una caminata en descenso de una hora hasta llegar a una de las tantas calas secretas que hay sin tomar un barco.

En el camino hay algunos puestos de fruta que vale la pena parar para comprar jugosos mangos y guayabas, mini bananitas dulces y otras frutas desconocidas como pitanga o umbu.

Angra dos Reis es una promesa de aventura, no sólo para los que buscan playas, sino para los inquietos que quieren hacer senderismo, avistar monos y tucanes o comer un mango cortándolo del árbol.

Contar con una lancha taxi para llegar a otros puntos por mar, es fundamentalMario Cherrutti

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