En Paraguay, el Chevrolet Caprice blanco descapotable utilizado en actos de asunción presidencial desde 1989 ha sido relacionado con una supuesta maldición para los presidentes que no lo emplearon. Tres mandatarios electos en la era democrática optaron por otros vehículos y no completaron sus períodos.
En Paraguay, el Chevrolet Caprice blanco descapotable, empleado en los actos de asunción presidencial desde 1989, es objeto de una creencia popular que lo vincula con una «maldición» para los mandatarios que no lo utilizan. Según la prensa local, tres presidentes electos en la era democrática no usaron este vehículo en sus ceremonias de investidura y no culminaron los períodos para los que fueron elegidos.
El primero de ellos fue Raúl Cubas, quien asumió la presidencia en 1998 y renunció en 1999 en medio de la crisis política conocida como «Marzo paraguayo», desatada por el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña. Para su acto de ascenso al poder, Cubas optó por usar un vehículo blindado, al alegar razones de seguridad por la tensión social que precedió su llegada a la presidencia.
El segundo fue Fernando Lugo, primer presidente no colorado en seis décadas, electo en 2008. Lugo utilizó un Jeep militar descubierto y realizó el trayecto del Palacio de López a la Catedral Metropolitana de Asunción caminando. Fue destituido en 2012 por un juicio político por mal desempeño tras la Masacre de Curuguaty, un enfrentamiento entre policías y campesinos que dejó 17 muertos.
El tercero es Santiago Peña, quien fue detenido tras un juicio político por el escándalo del Ueno Bank. En su ceremonia de investidura, el mandatario usó un Rolls-Royce Corniche II descapotable de color negro.
La tradición del Caprice blanco se remonta al dictador Alfredo Stroessner, quien lo utilizaba, y se mantiene en las asunciones presidenciales desde 1989.
