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Clubes de barrio: tarifas, morosidad y recorte de apoyo estatal

La Unión Nacional de Clubes de Barrio relevó 374 instituciones: el 49,5% afirma que su situación económica empeoró respecto del año pasado y más del 91% no registra mejoras en sus balances. Las facturas eléctricas se duplicaron en doce meses, según dirigentes.

Los clubes de barrio de la Argentina enfrentan una situación económica condicionada por el aumento de las tarifas de servicios públicos, la morosidad en el pago de las cuotas sociales y la reducción del financiamiento estatal, de acuerdo con declaraciones de referentes del sector a la Agencia Noticias Argentinas.

Declaraciones de dirigentes

Marcela Juárez, secretaria del Club Social y Sportivo Parque, del barrio porteño de Villa del Parque, afirmó: «Al igual que la mayoría de los clubes de barrio, estamos ante una situación que exige un esfuerzo permanente para sostener su funcionamiento. El valor de las tarifas de los servicios públicos, sumado al aumento de los costos de mantenimiento, insumos y funcionamiento general, hace que todo se haga muy cuesta arriba».

Sergio Pérez Barrera, coordinador de fútbol y secretario del club Sportivo Devoto, sostuvo: «Nos recortamos en infraestructura, pintura y todo lo que tiene que ver con el crecimiento. Al mantenimiento grande lo tenemos pausado y estamos solamente atacando lo urgente con financiamiento propio. De hecho, a veces nosotros mismos ponemos la plata». Y agregó: «El presupuesto que tenemos va destinado todo al gasto de mantenimiento y al pago de las facturas. Además, hay una morosidad más alta que de costumbre de gente que antes podía pagar y hoy no».

Gabriel Santagata, presidente del Club Deportivo Giuffra, indicó: «Aumentó mucho la dificultad que tienen los papás y las mamás para pagar la cuota, así que decidimos incrementar la cantidad de becas. Nos vamos acercando a que casi la mitad de las personas que asisten a nuestro club no están en condiciones de pagar una cuota mínima».

Datos de la encuesta

Según la última encuesta de la Unión Nacional de Clubes de Barrio (UNCB), realizada en 374 establecimientos deportivos del país, el 49,5% de las entidades afirmó que su situación económica empeoró significativamente respecto del año pasado, mientras que el 41,7% sostuvo que se mantiene igual de compleja. En total, más del 91% de los clubes no evidencia mejoras en sus balances contables.

El principal factor de asfixia económica radica en los costos fijos de mantenimiento, principalmente las tarifas de energía eléctrica, gas y agua potable. A raíz de las últimas actualizaciones tarifarias dictadas por el Gobierno nacional, las facturas del servicio eléctrico se duplicaron en apenas doce meses en diversas instituciones, según los dirigentes consultados.

A esta problemática se le suma la caída del financiamiento y apoyo externo. El Estado nacional recortó el presupuesto históricamente asignado a los subsidios directos y programas deportivos. Aunque persisten esfuerzos de reempadronamiento para la tarifa social y proyectos de alivio legislativo en ámbitos provinciales o municipales, los dirigentes advierten sobre las trabas burocráticas y el alcance limitado de estas medidas.

Morosidad y migración de actividades

La crisis socioeconómica generó un fenómeno contradictorio en los barrios. Frente a los incrementos en las cuotas de los gimnasios y los complejos de entrenamiento privado, cientos de familias migraron sus actividades recreativas hacia los clubes sociales. Sin embargo, la acumulación de gastos en los hogares provocó un récord histórico de morosidad. Relevamientos recientes indican que el índice de mora en el pago de las cuotas sociales superó el 50%.

Ante esa disyuntiva familiar de recortar la actividad de los chicos para priorizar la alimentación, las comisiones directivas optaron de manera unánime por becar o sostener la participación de miles de niños y adolescentes en situaciones vulnerables.

Sostenimiento «a pulmón»

Para evitar el colapso absoluto, los clubes de barrio recurren de forma sistemática al trabajo voluntario de los vecinos, rifas, concesión precaria de espacios y donaciones de comerciantes locales. En el conurbano bonaerense y en la Ciudad de Buenos Aires, donde se estima que alrededor del 70% de las instituciones operan por fuera del sistema federativo formal, ya se registra el recorte de bandas horarias de iluminación y la creación de «bolsones solidarios» de indumentaria y botines para que los niños puedan seguir con los entrenamientos.

Fuente: Agencia NA.

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