Investigadores de la Universidad Stanford realizaron cuatro experimentos con 176 participantes y observaron que el pensamiento divergente mejora al caminar, incluso en una caminadora. El efecto se concentra en la generación de ideas y no en tareas con una única respuesta correcta.
Un estudio de la Escuela de Posgrado en Educación de la Universidad Stanford encontró que la producción creativa aumenta, en promedio, alrededor de un 60% cuando las personas caminan en lugar de permanecer sentadas. La investigación, realizada con 176 participantes, en su mayoría estudiantes universitarios y otros adultos, puso a prueba una intuición frecuente: levantarse y dar vueltas cuando se está atascado con un problema.
Los investigadores no buscaban medir si caminar vuelve a una persona “más inteligente”. Estudiaron un tipo concreto de creatividad: el pensamiento divergente, es decir, la capacidad de generar muchas soluciones nuevas y apropiadas ante una misma pregunta.
El movimiento importó más que el paisaje
Una de las pruebas consistía en buscar usos alternativos para objetos comunes. Ante algo como un botón, por ejemplo, los participantes tenían varios minutos para imaginar tantas aplicaciones originales como pudieran.
En el primer experimento hicieron la tarea sentados y luego caminando sobre una caminadora a su propio ritmo. El 81% obtuvo mejores resultados creativos mientras caminaba. En promedio, la producción de respuestas novedosas y apropiadas aumentó alrededor del 60%.
La caminadora estaba en un espacio interior. No hacía falta un parque, árboles ni un cambio espectacular de escenario.
Los siguientes experimentos compararon caminar dentro y fuera, sentarse en ambos lugares e incluso ser trasladado al aire libre en una silla de ruedas. Caminar produjo beneficios en ambos entornos, mientras que simplemente salir al exterior no explicaba por sí solo toda la diferencia.
Además, parte del efecto permanecía después. Los participantes que primero caminaban y luego volvían a sentarse conservaban durante un tiempo una ventaja creativa.
Pero hubo una limitación importante: caminar no mejoró todas las formas de pensamiento.
Los autores utilizaron también una prueba de pensamiento convergente, en la que existe una única respuesta correcta. Allí solo el 23% mejoró al caminar. El beneficio, por tanto, parecía concentrarse en la generación libre de posibilidades y no en tareas que exigen encontrar una solución precisa.
En otro experimento, el 100% de quienes caminaron al aire libre consiguió producir al menos una analogía novedosa de alta calidad, frente al 50% de quienes permanecieron sentados dentro. Este resultado corresponde a esa comparación específica y no demuestra que caminar al aire libre sea más beneficioso que hacerlo en una caminadora.
Los investigadores no establecieron un mecanismo definitivo. El estudio demuestra el efecto conductual, pero no prueba explicaciones populares como que caminar “lleva más sangre al cerebro” y por eso surgen ideas. La aplicación práctica resulta más concreta.
Si la tarea es revisar cifras, encontrar una respuesta exacta o evaluar críticamente opciones, levantarse quizá no aporte demasiado. Pero cuando el problema es precisamente no tener ideas, unos minutos caminando pueden cambiar la forma en que aparecen posibilidades.
Y ni siquiera hace falta tener un paisaje inspirador delante. Una caminadora y una pared fueron suficientes para que muchas personas pensaran de otra manera.
