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Un estudio de la Universidad de Houston analizó 170 horas de video en oficinas y encontró un patrón de contacto facial asociado al estrés

Investigadores de la Universidad de Houston y del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia registraron durante cuatro jornadas a diez académicos mientras trabajaban solos en sus oficinas. El análisis vinculó la frecuencia de los toques espontáneos en mentón, mejillas y nariz con indicadores fisiológicos de estrés mental.

Investigadores de la Universidad de Houston, junto con colegas del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia, analizaron grabaciones reunidas en un trabajo de 2023 para examinar la relación entre los contactos espontáneos con el rostro y el estrés mental.

El material incluyó cerca de 170 horas de video de diez investigadores académicos mientras trabajaban en sus oficinas durante cuatro jornadas.

El estudio no se limitó a observar los movimientos. Se utilizaron cámaras térmicas para medir cambios relacionados con la transpiración facial, relojes inteligentes para registrar parámetros cardiovasculares y datos de actividad informática. Luego, se empleó inteligencia artificial para localizar los episodios en los que cada participante se tocaba el rostro.

El mentón, las mejillas y la nariz fueron las zonas clave

Los investigadores encontraron una asociación fuerte entre la activación del sistema nervioso simpático, utilizada como indicador fisiológico de estrés mental, y la frecuencia con la que las personas se tocaban espontáneamente la zona formada por mentón, mejillas y nariz.

Además, muchos de esos contactos se producían con la mano no dominante. El patrón aumentaba en los momentos de mayor estrés durante el trabajo cognitivo.

Uno de los resultados más curiosos fue que estos pequeños gestos aportaron una señal de estrés más consistente que las propias expresiones faciales durante el trabajo en solitario. Ioannis Pavlidis, profesor de Ciencias de la Computación y autor sénior del estudio, explicó que, cuando estamos solos, la comunicación emocional mediante el rostro pierde parte de su función.

Los autores plantean que estas regiones están muy inervadas y que el contacto puede proporcionar cierto efecto de consuelo. Esa explicación todavía es una hipótesis, aunque otros trabajos han relacionado los autotactos faciales con demandas emocionales y cognitivas.

El estudio encontró una asociación, no una regla según la cual cada contacto facial signifique estrés. Una persona puede tocarse la nariz porque le pica, apoyar la mano en la mejilla por costumbre o llevarse los dedos al mentón mientras piensa.

En situaciones donde alguien no expresa de forma visible su tensión, el cuerpo puede estar produciendo pequeños gestos que pasan inadvertidos incluso para quien los realiza.

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