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Máximo Huerta presenta su novela ‘Mamá está dormida’ y reflexiona sobre la memoria y el cuidado

El escritor español Máximo Huerta presentó su undécima novela, ‘Mamá está dormida’, en la que aborda la pérdida de memoria y la experiencia de cuidar a su madre. En una entrevista, relacionó el Alzheimer con la memoria colectiva y criticó la ausencia de estos temas en la agenda política.

Máximo Huerta, escritor y periodista español de 55 años, presentó su nueva novela Mamá está dormida (Planeta), la undécima de su carrera. Lo hizo tras llegar desde Buñol, el pueblo valenciano donde cuida a su madre desde hace tres años. Según describió durante la presentación, se encontraba visiblemente cansado, aunque se recompuso para dirigirse a la audiencia.

La novela parte de una anécdota personal: su madre, Clara, pronunció una frase preguntando por su hermano, a pesar de que Huerta es hijo único desde hace cincuenta y tres años. A partir de ese episodio, el autor construyó una historia que definió como «de amor y de dolor, y también un thriller». Los protagonistas, Aurora y Federico, recorren un viaje en autocaravana junto a su perra hasta Vera de Bidasoa, lugar donde la joven Aurora creció bajo la Sección Femenina de la Falange Española. Los nombres, explicó, no son casuales: Aurora por la luz que a ratos desprende la demencia, y Federico por el poeta Lorca.

En declaraciones a Esquire, Huerta sostuvo: «Esta madre pertenece a esas madres y abuelas que ya no volverán, que fueron criadas para ser reflejo de una época y ser clones de Pilar Primo de Rivera». Y agregó: «Para muchas, la Sección Femenina fue la única salida que tenían de un entorno asfixiante».

El autor también vinculó la pérdida de memoria con un fenómeno colectivo. «Muchos países están perdiendo la memoria porque están repitiendo cosas que pensamos que ya no pasarían», afirmó. «Los países también están teniendo alzhéimer. Vivimos en un tiempo de mucho alzhéimer y se nos olvida de dónde venimos». En ese sentido, señaló que los debates sobre vejez, cuidado y dependencia no ocupan la agenda política: «Como estos temas no dan titulares ni hacen ruido, parece que no existen».

Huerta es el cuidador único de su madre y describió el desgaste que implica esa tarea. «Estoy muchas veces cansado. Y con mucha impotencia, porque hay muchas cosas que no puedo cambiar», reconoció. No tiene pareja y se apoya en amigos, en su perra, en la lectura y en la librería del pueblo. También mencionó que las redes sociales le resultan dañinas al ver las actividades de otros. «No soy el Santo Job», admitió. «Cuando pierdo la paciencia tengo arranques o contesto mal. Luego me arrepiento, pero cuidar son batallas del día a día que dan pocas alegrías».

Sobre la función terapéutica de la escritura, afirmó: «Me habría gustado no escribirla, sino leerla, para encontrar el apoyo que no siempre encuentro como cuidador. La gente que cuida se siente muy sola. No hay épica en la labor de cuidador».

La novela también incluye un homenaje a su padre, camionero fallecido en 2017 por alzhéimer. Aunque la relación fue distante, el final trajo un perdón que Huerta describió como un regalo inesperado. «Los bares de carretera me recuerdan mucho a él», contó. «Recuerdo ir tumbado en la cabina de atrás del camión. Mi padre siempre decía: ‘Si hay camiones, paramos’. Por eso quise que mis personajes solo pararan en esos bares».

Su madre fue su primera lectora. Aunque ya no puede leer, en sus lagunas vuelve a nombrar libros. El último que mencionó fue Viento del Este, viento del Oeste, de Pearl S. Buck. «Es muy bonito», dijo Huerta, sin agregar más.

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