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Casi 6 de cada 10 argentinos están endeudados

Un informe de la Fundación Pensar indica que el 58% de los argentinos tomó un préstamo, utilizó crédito o financió gastos en los últimos meses. El porcentaje asciende al 63% entre las mujeres y al 65% en los sectores de menores ingresos. La irregularidad bancaria familiar alcanzó el 12,9% en julio de 2026, frente al 5,6% de un año antes.

Casi 6 de cada 10 argentinos (58%) tomaron un préstamo, utilizaron crédito o financiaron gastos en los últimos meses, según el nuevo informe de Pensar Argentina. El fenómeno adquiere especial relevancia entre las mujeres, donde el porcentaje alcanza el 63%, y en los sectores de menores ingresos, donde llega al 65%.

La presión financiera también muestra fuertes diferencias según la inserción laboral. El informe reconstruye, a partir de datos del INDEC, el porcentaje de hogares que debió recurrir a familiares o amigos para pedir dinero: alcanza al 30% entre quienes se desempeñan en servicio doméstico, al 25% en hoteles y restaurantes y al 18% en industria y comercio y educación. Pensar vincula este fenómeno con una mayor incidencia de la informalidad y con ingresos más inestables.

El dato se inscribe en un escenario de fuerte deterioro del crédito familiar. La irregularidad bancaria de las familias alcanzó el 12,9% en julio de 2026, frente al 5,6% de un año antes. En paralelo, el 54% de los consultados manifestó haberse atrasado o dejado de pagar alguna obligación por motivos económicos durante los últimos meses. El informe aclara que ambos indicadores miden fenómenos diferentes y que no corresponde afirmar que más de la mitad de los argentinos se encuentra en mora bancaria.

Los jóvenes aparecen como uno de los grupos más expuestos. Entre quienes tienen crédito, el 37% de los deudores de 18 a 25 años y el mismo porcentaje entre los de 26 a 35 años registraban mora. La proporción desciende progresivamente con la edad hasta ubicarse en el 16% entre los mayores de 66 años. Pensar advierte que un deterioro temprano del historial crediticio puede condicionar el acceso futuro al financiamiento justamente durante la etapa de formación laboral y patrimonial.

El informe también muestra una brecha de género en el uso del financiamiento. Mientras el promedio general se ubica en 58%, entre las mujeres asciende al 63%. Pensar señala que este resultado orienta la mirada hacia las restricciones económicas de los hogares, aunque advierte que el dato por sí mismo no permite concluir que las mujeres tengan un peor desempeño financiero.

El problema no es solamente cuánto se debe, sino para qué se utiliza el crédito. Entre quienes recurrieron al financiamiento, el 26% lo destinó principalmente a comprar alimentos, el 21% a gastos cotidianos del hogar y el 15% a servicios, impuestos u otras obligaciones. Otro 14% lo utilizó para cancelar deudas anteriores. En conjunto, alimentos, gastos cotidianos y servicios representan el 62% de los principales destinos declarados del financiamiento.

La dificultad para cumplir con los pagos profundiza las diferencias sociales. Los atrasos declarados alcanzan al 72% en los sectores de menores ingresos, frente al 43% en los sectores medios y al 30% en los altos. Entre quienes dejaron de pagar o se atrasaron, los servicios encabezan las menciones con 46%, seguidos por las tarjetas de crédito, con 36%, y los préstamos o deudas, con 33%.

En su análisis, Mora Jozami, directora de Casa Tres, sostiene que la mora puede ser uno de los lugares donde la macro se encuentre o choque con el metro cuadrado. Además plantea que la baja de la inflación, aunque valorada, no alcanza por sí sola cuando los ingresos resultan insuficientes, se restringe el consumo y una parte de los hogares debe recurrir al crédito para sostener sus gastos corrientes. En ese escenario, la deuda deja de ser exclusivamente un fenómeno financiero y comienza a impactar sobre las expectativas económicas y la percepción de bienestar.

El deterioro se concentra particularmente en el crédito al consumo. Los préstamos personales registran una irregularidad del 16,7% y las tarjetas del 12,8%, frente al 8,1% de los prendarios y apenas el 1,6% de los hipotecarios. El informe advierte que los préstamos personales y las tarjetas suelen financiar necesidades de corto plazo y cuentan con menor respaldo patrimonial.

Pensar señala, sin embargo, que la presión financiera sobre las familias no equivale a una crisis bancaria. La mora temprana mostró una reducción del 6,6% en noviembre de 2025 al 4,4% en julio de 2026, pero la irregularidad bancaria familiar todavía se encontraba en su máximo de la serie iniciada en 2010. Por eso, una desaceleración del deterioro todavía no puede interpretarse como una normalización.

Frente a este escenario, el informe plantea que la recuperación del crédito debe ir acompañada por ingresos sostenibles, prevención del sobreendeudamiento, mayor transparencia y herramientas de regularización. El desafío, sostiene Pensar, es que la estabilización macroeconómica pueda traducirse en mayor capacidad de pago dentro de los hogares y que el crédito vuelva a funcionar como una herramienta para ampliar oportunidades, en lugar de transformarse en un recurso necesario para sostener los gastos del mes.

Datos sobre hogares que pidieron préstamos a familiares y amigos, según el INDEC

  • Personal Doméstico: 30%
  • Hoteles y restaurantes: 25%
  • Industria: 18%
  • Comercio: 18%
  • Enseñanza: 18%

Destino principal del crédito o financiamiento

  • Comprar alimentos: 26%
  • Cubrir gastos cotidianos: 21%
  • Pagar servicios e impuestos: 15%
  • Pagar otras deudas: 14%

Sobre la Fundación Pensar

Fundada en 2005, la Fundación Pensar es un centro de pensamiento y reflexión ligado al PRO, orientado a la formulación de políticas públicas y planes de gobierno con visión de futuro. A partir de la convocatoria de especialistas, expertos y cuadros técnicos, desarrolla mesas de trabajo destinadas a elaborar propuestas y soluciones para las problemáticas de las distintas provincias.

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