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Nobel de Física para Francis Halzen por el desarrollo del Observatorio IceCube

La Academia Sueca de las Ciencias otorgó el Premio Nobel de Física 2026 a Francis Halzen por sus contribuciones al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico.

La Academia Sueca de las Ciencias decidió otorgar el Premio Nobel de Física 2026 al doctor Francis Halzen, nacido en Bélgica en 1944 y profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, «por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico». El galardón incluye 12 millones de coronas suecas.

El aporte central de Halzen fue la propuesta de utilizar el hielo profundo del Polo Sur como parte de un detector de partículas subatómicas. Comenzó a impulsar ese concepto a fines de la década de 1980. Décadas después, esa idea se materializó en IceCube, un observatorio que emplea un volumen de aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo antártico para buscar neutrinos procedentes de procesos violentos del Universo.

Los neutrinos son partículas elementales sin carga eléctrica y de masa extremadamente pequeña que casi no interactúan con la materia. Esa propiedad los vuelve difíciles de detectar, pero les permite viajar enormes distancias sin ser desviados por campos magnéticos ni perder información sobre su origen. Cuando excepcionalmente un neutrino interactúa con un núcleo atómico en el hielo antártico, produce partículas secundarias que generan un tenue destello de luz. Miles de sensores enterrados a gran profundidad detectan esas señales y permiten reconstruir la energía y dirección de la partícula original.

El observatorio posee 5.160 módulos ópticos distribuidos sobre 86 cables que descienden entre 1.450 y 2.450 metros bajo la superficie antártica. IceCube quedó terminado entre 2010 y 2011. En 2013, la colaboración científica anunció evidencias de una población de neutrinos de origen astrofísico, provenientes de más allá del Sistema Solar.

Mark Pearce, presidente del Comité Nobel de Física, declaró: «Su tenacidad y visión científica han allanado el camino para un nuevo tipo de astronomía». Para la Academia, IceCube confirmó la existencia de neutrinos cósmicos de altísima energía y sus observaciones pueden ayudar a revelar cómo funcionan ambientes extremos del Universo e incluso descubrir fenómenos hasta ahora desconocidos.

IceCube no tiene espejos ni una gran antena apuntando al cielo. Su principal componente está enterrado entre 1.450 y 2.450 metros bajo el hielo del Polo Sur y ocupa aproximadamente un kilómetro cúbico. Cada sensor contiene un fotomultiplicador extremadamente sensible capaz de registrar diminutos destellos de luz producidos indirectamente por la interacción de un neutrino con el hielo.

Durante siete veranos australes, entre 2004 y 2010, los equipos perforaron el glaciar con chorros de agua caliente hasta profundidades cercanas a los 2,5 kilómetros e introdujeron las líneas de sensores antes de que el agua volviera a congelarse. El resultado fue el primer detector de neutrinos de gran escala y una herramienta que transformó parte del hielo de la Antártida en uno de los instrumentos astronómicos más singulares del planeta.

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