El maestro zen español, que visitará la Argentina en octubre, dialogó con LA NACION sobre el impacto de la tecnología en la atención, el dolor existencial y la práctica de la meditación.
Dokushō Villalba, primer maestro sōtō zen español, visitará la Argentina en octubre. En una entrevista con LA NACION, reflexionó sobre el secuestro de la atención por la tecnología, el dolor existencial y la búsqueda de la presencia plena.
Villalba, que lleva casi cincuenta años dedicado al zen, sostuvo que “se está produciendo una desconexión del mundo real, de la persona real, del cuerpo real, en pos de un secuestro de la atención y de la conciencia, redireccionándola hacia un mundo virtual”.
El maestro afirmó que detrás de esta situación “hay una intención y una voluntad por parte de determinados poderes, porque es una manera de controlar y explotar a la población”. Y agregó: “Hoy vivimos en la economía de la atención. Lo que enriquece a los grandes oligopolios ya no son solamente las materias primas o los productos financieros: es la atención de los seres humanos”.
Consultado sobre las consecuencias de la pérdida de atención, mencionó la disminución de la capacidad de lectura, concentración y reflexión en jóvenes, y advirtió que “cuando esos jóvenes sean adultos y tengan responsabilidades sociales, pueden encontrarse con dificultades para adquirir un conocimiento profundo de la realidad”.
En relación con la crisis de salud mental, Villalba señaló que “hay un estilo de vida basado en la autoexplotación” y que “todo eso produce un agotamiento del sistema nervioso que después repercute en trastornos del sueño, trastornos anímicos y otros problemas”.
El maestro también se refirió a la relación entre estrés y capitalismo: “El sistema primero te ‘ordeña’ los deseos. Nos convierte en seres deseantes: estamos continuamente deseando cosas. Desear es fácil; satisfacer esos deseos ya es más caro. Para satisfacer tantos deseos hay que trabajar mucho, tener poder adquisitivo, y entonces uno queda atrapado en una rueda, como un hámster: consumir para producir y producir para consumir”.
Sobre el dolor, diferenció: “El dolor es una experiencia que tiene un comienzo y un final. El sufrimiento es otra cosa: es la rumiación mental de un dolor que hemos experimentado en el pasado”.
Villalba mencionó un experimento realizado en Londres con meditadores de larga data y un grupo de control, que mostró que “el umbral de afectación y de integración del dolor de los practicantes zen era muchísimo más amplio que el de las personas que no tenían esa experiencia”.
Respecto del mindfulness, aclaró que “hay muchas clases de mindfulness y no todas tienen el mismo espíritu, la misma orientación ni los mismos efectos”. Y explicó que el que enseña “concibe la atención plena como una herramienta de despertar, de toma de conciencia de uno mismo”.
Ante la pregunta sobre si el mindfulness puede convertirse en una herramienta para tolerar condiciones que deberían transformarse, respondió: “La conciencia de sí es la fuente de toda transformación. Cuando uno está dentro de un engranaje social, laboral, mental o emocional inconsciente, está atrapado en él. Pero cuando se da cuenta de cuál es ese engranaje empieza a tener la capacidad de decir: ‘Yo no quiero esto, quiero tomar otra dirección’”.
Villalba trabaja con grupos pequeños y no se plantea “producir una revolución a gran escala”. Dijo: “Voy trabajando con las personas que encuentro y que quieren aprender”.
Sobre la industria del bienestar, reconoció que existe y que convierte muchas prácticas en mercancía. “Yo trabajo sin esperar grandes resultados. No pienso que de pronto toda la humanidad se vaya a despertar y entremos en una era de luz y amor. Veo también la oscuridad. Por eso trabajo paso a paso, un día después de otro”.
Para quienes quieran empezar, anunció talleres en Buenos Aires y Córdoba: “Ahí puede adquirir las herramientas básicas para incorporar la práctica del cultivo de la atención a su vida cotidiana. Yo enseño a pescar; no doy peces”.
En cuanto a la tecnología, afirmó: “No se pretende vivir fuera de ella. Estamos dentro de Matrix. Una de las primeras cosas que aprenden las personas que vienen a nuestros cursos es a liberar la atención de los secuestradores externos e internos y aprender a dirigirla hacia aquello que realmente consideran importante”.
Finalmente, sobre el paso del tiempo, reflexionó: “Cada instante es precioso. El tiempo es el único recurso que no podemos recuperar ni reciclar. Cada instante que se ha ido es un instante que no vuelve nunca más”.
