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Cartas de lectores: críticas al avance de la IA, al presupuesto del INTI y a la Justicia laboral

Lectores de Clarín expresaron sus opiniones sobre el impacto de la inteligencia artificial, la reducción presupuestaria al INTI, la situación económica y las consecuencias de las demandas laborales en las PyMEs.

En la sección de cartas de lectores de Clarín, se publicaron cuatro textos que abordan temas de tecnología, economía, sociedad y justicia.

“Nos estamos convirtiendo en una sociedad ultraprocesada”

Adrian Gustavo Choren sostuvo que así como los ultraprocesados sacian el hambre con aditivos adictivos que no nutren, la tecnología actual traza el mismo camino con las mentes. Afirmó que la sociedad se está volviendo ultraprocesada y que frente a la Inteligencia Artificial, a veces se delega capacidad cognitiva por comodidad. Señaló que ya cuesta pensar y que tras las advertencias de expertos de Estados Unidos sobre riesgos existenciales de una IA desbocada, es hora de reaccionar.

El autor se preguntó si no es momento de ralentizar la mente, controlar el sistema y volver al pensamiento crítico. Indicó que si el algoritmo provee certezas enlatadas, se debe rescatar la pedagogía de la pregunta sobre la de la respuesta. Sostuvo que el tecnoansiolítico se combate con debate y reflexión.

Citó al papa León XIV en su encíclica “Magnifica humanitas”, quien planteó que la IA debe ser “desarmada” para liberarla de la lógica de dominación y exclusión. Choren afirmó que se necesita una gobernanza internacional que regule este avance en función del bienestar general y que la carrera tecnológica entre China y Estados Unidos debe examinarse a la luz de la prosperidad global.

Finalmente, manifestó que la soberanía intelectual dependerá de que el pensamiento no sea un producto prefabricado de góndola, sino un ejercicio humano y crítico. Comparó el escenario de la película “Terminator” como cercano y llamó a repensar con una pregunta clave: ¿tecnología, para qué?

“Confundimos gastar menos con necesitar menos”

Liliana Cánaves escribió que el INTI mide casi todo: una balanza, un surtidor, la resistencia de un material, la seguridad de un producto. Ensaya, certifica, desarrolla tecnología y ayuda a empresas argentinas a producir mejor y competir. Señaló que parece técnico, hasta que se descubre que detrás de una medición también puede haber una exportación, una máquina, un alimento seguro o una pyme que intenta crecer.

Indicó que el proyecto de Presupuesto 2027 vuelve a reducir sus recursos. La partida cae 5,2% incluso en pesos corrientes y, según el análisis difundido por Grupo EPC que acompaña estas cifras, la pérdida sería del 17,3% en términos reales respecto de 2026.

Expresó que dicho así parece economía, pero dicho de otra manera significa discutir cuánta tecnología industrial propia se quiere conservar. Porque se puede ahorrar dinero postergando un ensayo, una inversión, una calibración o un desarrollo. Lo difícil es ponerle precio al conocimiento que deja de generarse, a la empresa que demora una innovación o a aquello que mañana se tendrá que buscar afuera. Reconoció que un país debe cuidar sus cuentas, pero la discusión empieza cuando se confunde gastar menos con necesitar menos.

Concluyó que el INTI mide casi todo y que tal vez llegó el momento de medir algo más incómodo: cuánto le cuesta a un país achicar aquello que después necesitará para volver a crecer.

La falta de empatía del Gobierno para con la gente

Irene Bianchi se preguntó, si la economía está tan próspera como aseguran Luis Caputo y Javier Milei, por qué tantos comercios bajan sus cortinas definitivamente; por qué cada vez hay más gente cartoneando; por qué cada vez es más frecuente que toquen el timbre para pedir ropa y comida; por qué se ve tanta gente revolviendo la basura por alimento; por qué la mayoría no llega cómodamente ni siquiera a mitad de mes; por qué el súper del barrio está más desabastecido.

Preguntó en qué país viven el ministro y el Presidente, en qué realidad virtual, si hablan con la gente común, los que acuden a los comedores comunitarios con sus hijos, los miles que se presentan cuando se ofrece un empleo para pocos. Sostuvo que no se ponen en los zapatos del ciudadano de a pie, se limitan a proyectar un supuesto futuro próspero y desatienden el presente, el hoy, el aquí y ahora. Finalizó: “Así estamos. Es lo (poco) que hay”.

“Cuando la Justicia laboral destruye empleo”

Jorge Carbi Haubold escribió que la protección del trabajador es necesaria, pero se preguntó qué sucede cuando esa protección termina convirtiéndose en una presunción automática de que el trabajador tiene razón. Una demanda con hechos falsos o exagerados, impulsada por abogados que convierten el litigio en un negocio, puede terminar en condenas capaces de poner en riesgo una PyME. Y el daño se multiplica cuando se embargan sus cuentas bancarias. Allí no está solamente el dinero del empresario: están los fondos destinados a pagar salarios, proveedores, impuestos y servicios. Una medida contra una empresa puede terminar afectando a todos sus trabajadores.

Planteó entonces una pregunta incómoda: cuántos jueces que toman estas decisiones tuvieron alguna vez que arriesgar su patrimonio para crear y sostener un puesto de trabajo. Afirmó que es muy fácil disponer sobre el dinero ajeno; mucho más difícil es generarlo. Sostuvo que la Justicia debe proteger derechos, pero también debe exigir pruebas, sancionar el fraude y medir las consecuencias económicas de sus decisiones. Porque una sentencia que destruye una empresa no solamente afecta a un empresario: puede destruir empleo.

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