María José Valero, madre biológica y de acogida, relata su experiencia con el acogimiento familiar de urgencia, una modalidad que ofrece hogar temporal a bebés mientras se evalúa su situación. En Argentina, más de 20.000 niños viven en centros de protección.
María José Valero, de 55 años, es madre biológica de Edith, de 21 años, y actualmente acoge a una bebé en modalidad de urgencia. Esta modalidad, según explica, está diseñada para ofrecer un hogar temporal a niños mientras se estudian las circunstancias de su familia de origen.
Según datos del Ministerio de Juventud e Infancia, en Argentina 20.000 niños y niñas crecen en centros tutelados, de los cuales 1.242 tienen entre 0 y 6 años. El número de familias acogedoras ha disminuido un 32% en comparación con años anteriores, según el mismo ministerio.
En una entrevista, Valero detalló cómo decidió convertirse en familia de acogida: “Siempre me han gustado los niños y, de alguna manera, siempre buscaba la forma de ayudar. Había hecho voluntariados, fui monitora de comedor… Era algo que siempre había estado ahí”.
La decisión llegó después de que su prima, educadora social, le sugiriera la posibilidad. “Me dijo: ‘A ti que te gustan tanto los niños y que de alguna manera siempre has intentado ayudar, ¿por qué no te planteas ser familia de acogida de urgencia? Hacen falta muchas familias’. Y recuerdo perfectamente lo que pensé: ‘Por fin he encontrado mi camino’”.
Valero explicó que el proceso incluyó entrevistas y una evaluación en su hogar. “Tuvimos una primera entrevista por Zoom y después varias entrevistas más. Vinieron a casa, hablaron con nuestra hija y al poco tiempo ya teníamos la idoneidad”.
En cuanto a la elección de la modalidad de urgencia, señaló: “Cuando mi prima me lo explicó entendí que había bebés y niños pequeños que necesitaban una familia de manera inmediata mientras se estudiaba su situación”.
Acerca de las diferencias entre la maternidad biológica y la de acogida, Valero afirmó: “A nivel emocional, la diferencia fundamental es que cuando vas a ser madre, te preparas para recibir a alguien que esperas que forme parte de tu vida para siempre. Cuando acoges, sabes desde el principio que ese bebé puede marcharse”.
Respecto al vínculo, señaló: “Con una bebé de acogida, yo ya sabía desde el principio que no era mi hija. Cuando la cogí por primera vez sentí muchísimo amor y ternura, pero no fue exactamente el mismo sentimiento que cuando nació Edith”.
Valero describió las necesidades de un bebé que llega tras una separación de su familia: “Sobre todo, necesita calma, seguridad, paciencia y mucho amor. Hay bebés que pueden llegar después de situaciones muy complicadas e incluso con síndrome de abstinencia, y necesitan mucha atención, piel con piel y tranquilidad”.
En cuanto a la partida futura de la bebé, admitió: “Sé que va a ser muy duro para mí. Sé que cuando llegue ese momento lloraré muchísimo y la echaré muchísimo de menos”. No obstante, sostuvo: “Mi objetivo nunca ha sido que se quede conmigo. Quiero que cuando se vaya, se vaya feliz, segura y llena de amor”.
Valero también se refirió al papel de su hija biológica: “Ella sabe que la echará de menos, pero lo que más quiere es que la bebé esté bien y que no lo pase mal”.
Finalmente, reflexionó sobre el impacto del acogimiento: “No podemos cambiar su historia, pero sí podemos conseguir que, a partir de que llega a nosotros, viva una experiencia de seguridad y de amor. No somos el destino, sino un lugar seguro en el camino”.
