La estación de investigación Concordia, ubicada en la meseta antártica, alcanzó los -84,1 grados Celsius el 18 de julio, la medición más baja documentada en el planeta desde 2012.
El interior de la Antártida volvió a convertirse en escenario de un registro climático excepcional. En plena temporada invernal del hemisferio sur, una estación de investigación emplazada en la meseta antártica alcanzó la temperatura más baja documentada en la Tierra desde 2012.
La medición reavivó el interés científico por la dinámica atmosférica de la Antártida. Especialistas señalaron que un episodio aislado de frío extremo no contradice la tendencia de calentamiento global, debido a que ambos fenómenos responden a procesos y escalas temporales diferentes.
Un registro excepcional en la estación Concordia
Según informó Smithsonian Magazine, la estación de investigación Concordia, situada en el interior de la Antártida, alcanzó los -119,4 grados Fahrenheit, equivalentes a -84,1 grados Celsius, el 18 de julio.
La temperatura quedó registrada en dos oportunidades, a las 6:25 y a las 6:34 de la mañana, lo que la convirtió en la medición más baja realizada en la Tierra desde 2012.
Concordia funciona gracias a un proyecto conjunto del Programa Nacional de Investigación Antártica de Italia y del Instituto Polar Francés Paul-Émile Victor.
El complejo se encuentra sobre una capa de hielo de 3.292 metros de espesor, en la meseta antártica y a más de 965 kilómetros de la costa más cercana, una ubicación que favorece la presencia de condiciones atmosféricas extremadamente rigurosas.
No es la primera vez que la base registra temperaturas extraordinarias. En 2010, el lugar alcanzó su mínimo histórico con -85,8 °C, una cifra aún inferior a la medición obtenida este invierno austral.
Un entorno donde el frío extremo forma parte de la rutina
Quienes trabajan en Concordia conviven habitualmente con temperaturas cercanas a los -80 °C, por lo que el frío extremo forma parte de la vida cotidiana. Sin embargo, el reciente registro llamó la atención incluso entre los investigadores acostumbrados a esas condiciones.
En declaraciones citadas por Live Science, Gabriele Carugati, químico atmosférico, glaciólogo y jefe de la estación Concordia, calificó las mediciones como “extraordinarias” y señaló que “evidencian lo variable que puede ser todavía el clima antártico”.
El investigador también explicó que estos eventos no deben interpretarse como una contradicción frente al aumento sostenido de la temperatura global. “El cambio climático describe las tendencias globales a largo plazo, mientras que los fenómenos meteorológicos puntuales aún pueden provocar un frío excepcional”, afirmó Carugati.
Además, agregó que “la Antártida está influenciada por procesos atmosféricos complejos, por lo que una temperatura extremadamente baja en un lugar no contradice el panorama general del calentamiento global”.
El continente también enfrenta el impacto del calentamiento
A pesar de estos episodios de frío intenso, la Antártida experimenta transformaciones asociadas al incremento de la temperatura media del planeta.
El continente pierde masa de hielo y el océano Austral registra un calentamiento progresivo, cambios que repercuten sobre numerosas especies que dependen de ese ecosistema.
Entre los organismos afectados figuran el kril antártico, fundamental para la cadena alimentaria marina, además de distintas poblaciones de pingüinos y focas peleteras antárticas, cuya supervivencia depende de la estabilidad del hielo y de las condiciones oceánicas.
Del frío récord a un invierno inusualmente cálido
El registro de Concordia ocurrió pocas semanas después de otro fenómeno climático llamativo en el mismo continente, aunque con características completamente distintas.
La base argentina Esperanza, ubicada en la península Trinidad, registró el 6 de junio una temperatura de 15,2 °C, la máxima invernal documentada en ese sector.
La medición se produjo durante una prolongada ola de calor, en la que las temperaturas permanecieron por encima del punto de congelación durante tres semanas consecutivas.
Consultado por The Guardian, el climatólogo Raúl Cordero, de la Universidad de Groningen, describió la situación con una frase contundente: “Esto es una auténtica locura”. También precisó que “la temperatura está unos 2 °C por encima de lo normal para esta época del año. Es una anomalía enorme”.
El antecedente del récord absoluto de frío continúa perteneciendo a la estación meteorológica rusa Vostok, también ubicada en la Antártida Oriental, donde el 21 de julio de 1983 los instrumentos registraron -89,2 °C, la temperatura más baja medida oficialmente en la superficie terrestre.
