InicioSociedadJessie Inchauspé: “Un desayuno salado, con proteínas y grasas, tiende a estabilizar...

Jessie Inchauspé: “Un desayuno salado, con proteínas y grasas, tiende a estabilizar la glucosa y ofrecer energía sostenida”

La bioquímica francesa conocida como “la diosa de la glucosa” explicó en una entrevista cómo los niveles de azúcar en sangre impactan en la energía, el estado de ánimo y la toma de decisiones, y propuso pequeños ajustes alimentarios sin restricciones extremas.

La especialista francesa Jessie Inchauspé, conocida como “la diosa de la glucosa”, profundizó en la conexión entre el metabolismo y la salud mental. Según un metaanálisis publicado en la revista Nutrients, las fluctuaciones bruscas de glucosa en sangre se asocian con mayor fatiga, irritabilidad y dificultades en la concentración incluso en personas sin diabetes. Otro estudio de la Universidad de Stanford mostró que picos y caídas rápidas de azúcar en sangre se correlacionan con mayor sensación de hambre pocas horas después de comer, independientemente de las calorías ingeridas.

Inchauspé nació en Biarritz, Francia, y se mudó a París a los cinco años tras el divorcio de sus padres. Estudió matemáticas en King’s College London y luego bioquímica en Georgetown. Tras colocarse un monitor continuo de glucosa por curiosidad, observó que cada pico coincidía con cambios en su energía, claridad mental y estado de ánimo. En sus libros Glucose Revolution y 9 meses que contarán para siempre, desarrolló la idea de que no se trata de prohibir alimentos, sino de entender cómo y cuándo consumirlos.

—Si tuvieras que resumir tu propuesta en una transformación concreta en la vida cotidiana de las personas, ¿cuál sería?
—Que dejen de sentirse víctimas de su energía, de sus antojos y de sus cambios de humor, y empiecen a sentir que por fin entienden qué está pasando dentro de su cuerpo. Cuando descubrís que algo simple puede reducir antojos y aumentar la energía durante todo el día, lo cambia todo. Es un paso enorme de la frustración a la comprensión, y además no requiere restricción ni dietas extremas.

—¿Qué patrones culturales alrededor de la comida están dañando nuestra relación con el cuerpo?
—Muchísimos mensajes nos enseñan a desconfiar del cuerpo. Etiquetamos alimentos como “buenos” o “malos”, glorificamos la fuerza de voluntad, ignoramos el hambre y comemos según reglas externas en lugar de sensaciones internas. En realidad, muchas veces es una respuesta fisiológica.

—¿Qué diferencia hay entre vivir intentando controlar el cuerpo y vivir escuchándolo?
—Cuando intentamos controlar el cuerpo, confiamos en disciplina y reglas rígidas, muchas veces luchando contra nuestra propia biología. Cuando lo escuchamos, cambiamos las normas por una comprensión flexible. Los datos de glucosa pueden mostrarnos por qué estamos cansados, por qué deseamos azúcar o por qué perdemos foco.

—¿Cómo impactó tu investigación en tu relación personal con el placer y la culpa alrededor de la comida?
—Por completo. Reemplacé culpa por comprensión. Cuando entendí que no era el alimento en sí, sino el orden, las combinaciones y el contexto lo que moldeaba mi curva de glucosa, dejé de moralizar lo que me gustaba.

—¿Por qué, aun siendo consejos simples, nos cuesta aplicarlos?
—Porque estamos luchando contra hábitos muy arraigados, patrones emocionales y un entorno alimentario diseñado para que compremos productos adictivos. El conocimiento no desarma años de condicionamiento.

—Encontraste una relación entre equilibrio glucémico y toma de decisiones importantes, ¿de qué se trata?
—Una glucosa estable influye profundamente en la calidad de nuestras decisiones porque afecta la base de nuestro estado mental: foco, paciencia, estabilidad emocional.

—¿Qué errores bienintencionados ves con más frecuencia en quienes buscan una vida más saludable?
—El más común es enfocarse en la restricción. Eliminan alimentos que aman y siguen reglas rígidas creyendo que la salud depende de la fuerza de voluntad.

—¿Cómo enseñar a los niños a relacionarse con su energía de manera más amable?
—Podemos ayudarlos a notar señales internas en lugar de etiquetar comportamientos. En vez de decir “estás insoportable”, preguntar “¿cómo se siente tu cuerpo ahora?”.

—Planteás que muchos bajones emocionales podrían no ser fallas de carácter sino respuestas químicas. ¿Qué cambia cuando aceptamos eso?
—Cambia todo. Si un pico de glucosa seguido de una caída brusca puede generar fatiga, ansiedad o necesidad urgente de azúcar, entonces no estamos ante un defecto moral. Estamos ante biología.

—¿Dirías que vivimos en una cultura obsesionada con el autocontrol?
—Absolutamente. Se glorifica la disciplina extrema. Pero el autocontrol permanente es agotador y muchas veces innecesario.

—¿Cómo se conecta el equilibrio glucémico con la salud mental en el largo plazo?
—La estabilidad metabólica influye en el equilibrio emocional. Si cada día atravesamos múltiples montañas rusas químicas, nuestro sistema nervioso trabaja en exceso.

—Mencionaste reiteradamente al desayuno como una alerta a considerar. ¿Qué lugar ocupa en esta revolución?
—Es un punto de partida muy poderoso. Un desayuno dulce puede generar un pico rápido y una caída a media mañana que desencadene hambre y antojos. Un desayuno salado, con proteínas y grasas, tiende a estabilizar la glucosa y ofrecer energía sostenida.

—También hablás del orden en que comemos. ¿Por qué importa?
—Porque afecta la velocidad con la que la glucosa entra en el torrente sanguíneo. Si empezamos por fibra, vegetales, luego proteínas y grasas, y dejamos los carbohidratos para el final, el pico suele ser más suave.

—Tu enfoque parece casi demasiado simple.
—Lo sencillo no significa superficial. A veces lo más transformador es lo que se puede repetir cada día sin sufrimiento.

—¿Qué te gustaría que quede como idea central en quienes leen tu trabajo?
—Que no están rotos. Que su cuerpo no es un enemigo que necesita ser dominado. Que muchos comportamientos que les generan culpa tienen una explicación biológica.

Más noticias
Noticias Relacionadas