La hipertensión arterial puede avanzar sin síntomas durante años, aumentando el riesgo de infarto, ACV e insuficiencia renal. En Argentina, uno de cada tres adultos la padece, pero muchos no lo saben.
La hipertensión arterial tiene una característica particular: puede avanzar durante años haciendo daño, pero sin provocar síntomas evidentes para los pacientes. Así, el corazón trabaja con sobrecarga, las arterias se deterioran y sube el riesgo de tener un infarto, un ACV, insuficiencia renal y otras complicaciones responsables de las principales causas de muerte en el mundo.
En Argentina, la situación preocupa desde hace tiempo a los especialistas en salud pública. Diversos estudios estiman que uno de cada tres adultos convive con hipertensión arterial. Sin embargo, una proporción importante desconoce su condición o no mantiene controles adecuados. Por eso, en el marco del Día Mundial de la Hipertensión Arterial, que se conmemora cada 17 de mayo, la Federación Argentina de Cardiología (FAC) impulsará una serie de actividades de concientización y control en distintas ciudades del país.
“El gran problema es que muchas personas se sienten bien y creen que no necesitan controles. Pero la hipertensión suele no dar señales hasta que aparecen complicaciones graves”, explicó el cardiólogo Marcos Baroni, integrante de la FAC. Según indicó, durante la campaña habrá profesionales tomando la presión y brindando información tanto a personal de salud como al público general.
La presión arterial elevada se produce cuando la sangre ejerce una fuerza excesiva sobre las paredes de las arterias de manera sostenida. Ese esfuerzo continuo obliga al sistema cardiovascular a trabajar en condiciones desfavorables. El impacto puede ser acumulativo y silencioso.
“El objetivo actual es mejorar la detección precoz y lograr un control sostenido de la presión arterial en la población. La hipertensión que no se mide, no se diagnostica, y la que no se diagnostica, no se trata”, señaló Miguel Schiavone, médico cardiólogo, Magister en Hipertensión Arterial y exdirector del Consejo de Hipertensión Arterial de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), quien también advierte que el escenario podría haberse complejizado en los últimos años debido al incremento del sedentarismo, la obesidad, el estrés y el consumo de alimentos ultraprocesados.
¿Cómo se diagnostica la hipertensión?
Los especialistas insisten en que el diagnóstico depende, en gran medida, de algo aparentemente simple: medirse la presión de forma periódica y correcta. El procedimiento, sin embargo, requiere ciertas condiciones básicas para evitar errores. Antes de la medición, se recomienda permanecer en reposo al menos cinco minutos, evitar fumar o consumir café, sentarse con la espalda apoyada y mantener ambos pies en el piso.
En los últimos años, además, creció el uso de tensiómetros automáticos domiciliarios. Para los expertos, estos dispositivos pueden convertirse en aliados importantes para el seguimiento de pacientes hipertensos porque reducen errores humanos y permiten obtener registros en situaciones cotidianas. Sin embargo, desaconsejan los aparatos de muñeca, ya que suelen ofrecer mediciones menos precisas.
Peligro: cada vez más chicos padecen hipertensión arterial
El abordaje médico actual combina tres pilares inseparables: alimentación saludable, actividad física y tratamiento farmacológico cuando es necesario. Los cambios de hábitos siguen siendo centrales:
- Reducir el consumo de sal.
- Evitar alimentos ultraprocesados.
- Dejar de fumar, moderar el alcohol.
- Realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física.
La evidencia científica reciente también reforzó el interés sobre algunos nutrientes específicos vinculados a la salud cardiovascular. Un estudio médico riguroso difundido en los últimos años mostró que el consumo de suplementos de omega-3 puede contribuir a mejorar los niveles de presión arterial. Los investigadores observaron efectos beneficiosos especialmente en dosis moderadas, aunque remarcaron que estos suplementos no reemplazan tratamientos médicos ni hábitos saludables.
En ese contexto, la educación sanitaria aparece como una herramienta clave. Los especialistas sostienen que conocer los propios valores de presión arterial debería convertirse en un hábito tan natural como controlar el peso o realizar análisis clínicos periódicos. Porque, aunque silenciosa, la hipertensión deja huellas profundas mucho antes de hacerse notar.
