La actriz reveló que estuvo a punto de no interpretar a Miranda Priestly, uno de sus papeles más emblemáticos, debido a una negociación salarial y su disposición a retirarse.
La historia de «El diablo viste a la moda» es hoy un clásico del cine contemporáneo, pero estuvo a punto de no contar con su protagonista más icónica. Meryl Streep reveló que rechazó en un primer momento interpretar a Miranda Priestly, la temida editora de moda que terminó marcando uno de los papeles más recordados de su carrera.
La confesión surgió durante una entrevista grupal en el programa «Today», junto a sus compañeros de reparto de «El diablo viste a la moda 2»: Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci. Allí, Streep explicó que leyó el guion de la película original de 2006 y tuvo claro desde el inicio su potencial comercial y cultural. “Sabía que iba a ser un éxito”, le dijo a la presentadora Jenna Bush Hager. “Leí el guion; era genial. Me llamaron, me hicieron una oferta y dije: ‘No. No lo voy a hacer’”.
La decisión no estuvo vinculada a dudas artísticas, sino a una negociación salarial que Streep consideraba justa para el impacto que anticipaba. En ese contexto, la actriz fue directa con los productores: “Quería ver si podía duplicar mi pedido, y enseguida dijeron: ‘Claro’”. Esa respuesta inmediata confirmó su lectura del proyecto y selló el acuerdo que dio origen a uno de los personajes más citados y parodiados del cine moderno.
Al recordar aquella etapa, Streep contextualizó su postura desde un lugar personal y profesional muy distinto al actual. “Tengo 56 años; ¡me tomó todo este tiempo comprender que podía hacerlo!”, señaló. En ese momento de su vida, la actriz se sentía segura de su trayectoria y dispuesta a dar un paso al costado si el proyecto no se concretaba en sus términos. “Estaba segura de que sería un éxito. Y sentía que me necesitaban. Y lo quería, pero si no querían hacerlo, no me importaba”, explicó. Luego agregó una frase que sorprendió incluso a sus compañeros de elenco: “Porque soy mayor; tengo 56 años y estaba lista para retirarme”.
Lejos de ser el final, «El diablo viste a la moda» marcó el inicio de una etapa extraordinariamente productiva. La película no solo le valió una nominación al Oscar, sino que la reposicionó como una figura central del cine comercial, ampliando su alcance más allá del prestigio crítico que ya tenía consolidado. En los años posteriores, Streep obtuvo su tercer premio de la Academia por «La dama de hierro» y encabezó éxitos de taquilla como «Mamma Mia!» y «Es complicado», confirmando que Miranda Priestly había sido un punto de inflexión decisivo.
Cuando se estrenó en 2006, «El diablo viste a la moda» fue pensada como una alternativa liviana frente al gran lanzamiento de superhéroes del momento, «El regreso de Superman». Sin embargo, con el tiempo se transformó en un fenómeno cultural sostenido, con frases memorables y una vigencia que atraviesa generaciones.
Veinte años después, el panorama se invirtió por completo. Hoy, Miranda Priestly y el universo de la revista Runway son la gran atracción de los cines. «El diablo viste a la moda 2» apunta a un debut en Estados Unidos de entre 75 y 80 millones de dólares en más de 4.100 salas, con proyecciones que incluso elevan esa cifra a entre 90 y 100 millones. El contexto acompaña: el reciente éxito de «Michael», que superó ampliamente sus previsiones iniciales, refuerza el optimismo del mercado. A nivel internacional, se espera que la secuela sume otros 100 millones de dólares, llevando la recaudación global del primer fin de semana a entre 175 y 190 millones. La apuesta de 20th Century Studios, propiedad de Disney, fue alta: la producción de la secuela rondó los 100 millones de dólares, sin contar el marketing. Para dimensionar el crecimiento, la película original costó cerca de 40 millones y terminó recaudando 326 millones en todo el mundo.
