El 17 de junio de 1970, en el Estadio Azteca, Italia y Alemania Occidental libraron una semifinal épica que terminó 4-3 tras una prórroga agónica. El encuentro, recordado por su intensidad y giros dramáticos, es considerado uno de los mejores de la historia de los Mundiales.
El 17 de junio de 1970, el Estadio Azteca de México fue escenario de un enfrentamiento que quedaría grabado en la historia del fútbol. Italia y Alemania Occidental disputaron la segunda semifinal del Mundial ante más de 100.000 espectadores, en un partido que combinó táctica, drama físico y una emocionante prórroga.
Italia se adelantó temprano con un gol de Roberto Boninsegna y mantuvo la ventaja durante gran parte del partido gracias a su sólida defensa. Sin embargo, en el minuto 90, Karl-Heinz Schnellinger empató para Alemania Occidental, forzando un tiempo suplementario que cambiaría el curso del encuentro.
La prórroga se transformó en una batalla de desgaste con cinco goles. Gerd Müller puso en ventaja a Alemania, pero Tarcisio Burgnich e inmediatamente después Gigi Riva dieron vuelta el marcador para Italia. Müller volvió a empatar, pero Gianni Rivera, a poco de finalizar, sentenció el 4-3 definitivo para la ‘Azzurra’.
El partido estuvo marcado por episodios de gran sacrificio, como el de Franz Beckenbauer, quien jugó gran parte del encuentro con el hombro dislocado y el brazo vendado al cuerpo, al agotarse los cambios de su equipo.
La victoria clasificó a Italia para la final contra Brasil, aunque el enorme desgaste físico sufrido en este partido es señalado como un factor clave en su posterior derrota. Alemania, por su parte, pese a la eliminación, consolidó un juego ofensivo que la llevaría a ganar el Mundial en 1974.
Por su intensidad, giros inesperados y muestra de resistencia extrema, este encuentro fue bautizado como el ‘Partido del Siglo’ y una placa conmemorativa en el Estadio Azteca así lo recuerda. Además, estableció un récord de cinco goles anotados en una prórroga de Copa del Mundo.
