El 20 de febrero de 1996 la ciudad de La Plata amaneció militarizada. Desde las 7 de la mañana, la Policía Bonaerense, al mando del comisario general Pedro Anastasio Klodczyk, desplegó un operativo cerrojo en torno a Plaza Rocha y las zonas aledañas al lugar donde sesionaría la Asamblea Universitaria, con vallados, patrulleros, infantería y personal de civil. El objetivo era garantizar que se realice la Asamblea destinada a adecuar el estatuto de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) a la Ley de Educación Superior (LES) del menemismo (Ley 24.521, sancionada el 20 de julio de 1995), para lo cual debían impedir la concentración estudiantil.
Hubo alrededor de 250 estudiantes detenidos, en lo que quedó marcado como una de las represiones más graves contra el movimiento estudiantil platense en democracia. Participé de esos acontecimientos, junto a mis compañeros de “En Clave roja” de ese momento y todavía hoy recuerdo el operativo: cada grupo que intentaba juntarse era rodeado; jóvenes eran interceptados; detenciones preventivas por “portación de rostro” a todo aquel que pareciera estudiante, muchas de ellas realizadas en autos particulares o con patentes cubiertas, por personal de civil y sin identificación, un mega operativo represivo para desarmar cualquier posibilidad de movilización antes de que naciera.
Treinta años después, esta fecha no es una efeméride más. Es el recuerdo de que el régimen universitario cerró filas con el Estado provincial y nacional (comandados por Menem y Duhalde) para imponer sus políticas de ataque a la educación pública, con represión. Pero también nos recuerda que incluso en las derrotas, cuando se pelea con valentía, hay importantes lecciones y puntos de apoyo: la LES, aunque se impuso en el plano legal, no pudo aplicarse plenamente como pretendían.
El movimiento estudiantil también fue parte de otras peleas de la época: desde las movilizaciones contra el asesinato del obrero Víctor Choque, la gran represión en la marcha 100 de los jubilados junto a Norma Plá, el acompañamiento de conflictos obreros emblemáticos en la región, como la lucha del Astillero Río Santiago contra el despido de sus trece delegados. La represión por orden de Alak contra los vendedores ambulantes que se refugiaron en la Facultad de Humanidades, y el encarcelamiento de los estudiantes que acompañamos el paro del 14 de agosto de 1997, dónde veintidós estudiantes, entre los que me encontraba, permanecimos detenidos en comisarías cerca de un mes.
Estos cruces con el movimiento obrero fueron parte del aprendizaje político de una generación: entender que la universidad no se defiende solo desde adentro, sino conectando con las luchas de los trabajadores. La oposición social al menemismo se forjó en cada una de esas peleas y tuvo en el movimiento estudiantil un punto de resistencia que hoy es imperioso recuperar.
1995: la rebelión contra la Ley de Educación Superior
Para entender el 20 de febrero de 1996 hay que volver a 1995. El menemismo impulsó la LES como parte de su ofensiva neoliberal. El plan incluía la mercantilización y arancelamiento de la educación, la subordinación de planes de estudio e investigaciones a criterios empresariales y un gran ajuste presupuestario. La respuesta fue una movilización nacional estudiantil, docente y no docente, con asambleas masivas y tomas de facultades durante el primer cuatrimestre, hasta la votación de la ley.
La Plata fue un foco destacado de esta pelea: las tomas de facultades se extendieron durante varias semanas, con asambleas por facultad e interfacultades, con realización de marchas de antorchas y movilizaciones a Capital, fue un punto de avanzada en una lucha que fue nacional.
Llegado el momento del tratamiento de la Ley, se votó en una asamblea interfacultades bloquear el Congreso el día de la sesión. Un tren colmado de estudiantes de la UNLP se dispuso a garantizar esta medida, y en coordinación con estudiantes de la UBA y otras universidades, se impidió ese día el ingreso de los diputados al recinto, haciendo que caiga la sesión. Aunque la ley terminó aprobándose en una siguiente sesión con la traición de la Franja Morada que desvió la movilización lejos del Congreso, y con una gran represión a quienes nos mantuvimos en la plaza, esa lucha dejó una marca en el movimiento estudiantil platense, forjando una vanguardia de lucha que se mantuvo durante todos los años 90.
El 15 de febrero: el bloqueo que derrotó la primera Asamblea
En febrero de 1996, cumpliendo los plazos que imponía la Ley de Educación Superior, la UNLP convocó a la Asamblea Universitaria para reformar su estatuto. El rector Luis Lima buscaba alinearlo con los “nuevos criterios” emanados del menemismo.
El 15 de febrero era la fecha citada, retomando la experiencia acumulada durante 1995, cientos de estudiantes resolvimos en asambleas tomar nuevamente un método contundente: bloquear el acceso de los asambleístas. Que hayan votado la Ley no era sinónimo de que pudieran efectivamente aplicarla. En el ex Jockey Club, donde se pretendía sesionar, el bloqueo y el “abrazo” de estudiantes y trabajadores de la Universidad lograron el objetivo inmediato: la Asamblea no pudo realizarse. Mientras tanto, la conducción de la FULP en manos de la Franja Morada, y agrupaciones del peronismo universitario como La Walsh, habían decidido legitimar y participar de esa Asamblea reaccionaria.
El rectorado decretó asueto con la intención de descomprimir y desorganizar a los estudiantes, y convocó a una nueva fecha: la Asamblea Universitaria sesionaría el 20 de febrero. Pero esta vez no apostaría solo a la rosca universitaria: buscaron un nuevo aliado en la “maldita Bonaerense”, como ya se conocía por esos años a la Policía de la Provincia, por su actuación en casos de gatillo fácil.
20 de febrero: operativo cerrojo, detenciones y represión
La Asamblea Universitaria del 20 de febrero pudo concretarse porque fue blindada con vallas y un despliegue policial inédito. Según el diario El día de la época “Luego de todos los reclamos por parte de las autoridades de la UNLP, la policía y Duhalde cumplieron: en la calle estaban la Policía Bonaerense de La Plata, Avellaneda, Lanús y Quilmes, infantería, policía montada y Policía Federal (dentro de la Biblioteca). Alrededor de la Plaza Rocha (frente a la biblioteca) 250 agentes de la Bonaerense. En el centro de la plaza 20 efectivos de la policía montada, el comando de patrullas con 550 efectivos (de guardia desde el lunes 19 a las 7 horas) y 20 móviles policiales. Tanquetas de asalto, camiones celulares y autos particulares con policías de civil”. Se militarizó la ciudad. El objetivo era impedir la concentración a cualquier precio. El resultado fue la detención de casi 250 estudiantes, en una jornada que quedó como hito de violencia estatal contra el movimiento estudiantil de la UNLP.
La represión se dio bajo la conducción de la Bonaerense de Pedro Klodczyk, una fuerza por entonces sinónimo de violencia institucional, corrupción y prácticas heredadas de la dictadura recicladas en democracia. En La Plata, esa caracterización tiene un nombre que atraviesa la década: Miguel Bru, estudiante de periodismo secuestrado, torturado y desaparecido por policías bonaerenses en 1993.
A esa fuerza acudió el Rectorado para blindar la Asamblea y adecuar los estatutos. Pero la represión no terminó allí. Cuando cerca de las 10 de la mañana, muchos estudiantes acompañados por Hebe de Bonafini, organismos de derechos humanos y organizaciones sindicales como ATE, nos movilizamos hasta 1 y 60, al predio del cuerpo de infantería de la policía de la provincia de Buenos Aires donde tenían detenidos a los estudiantes (un lugar que durante la dictadura funcionó como centro clandestino de detención), fuimos reprimidos nuevamente, lastimando incluso a Hebe, dejando su pañuelo ensangrentado como símbolo del salvaje accionar represivo. Pese a la violencia, cientos nos concentramos e hicimos una sentada en las puertas de ese predio nefasto: fuimos emboscados y salvajemente reprimidos, con decenas de heridos y nuevas detenciones.
Puertas adentro de la Biblioteca de la Universidad, la Asamblea funcionaba a toda prisa para su cometido. Ante el planteo de algunos congresales de medicina de pasar a un cuarto intermedio (que fue rechazado), la Franja Morada,según consta en el Acta de la Asamblea dijo que “por tener la responsabilidad de ser la conducción del movimiento estudiantil en esta ciudad de La Plata, entiende que la mejor forma de defender los intereses de aquellos estudiantes, trabajadores y otras personas que fueron detenidas, sin ningún tipo de excusa, por la policía consiste en permanecer aquí, dentro de la Asamblea Universitaria, máximo organismo de la democracia, que es la mejor manera de oponerse a estas embestidas de los autoritarios”. 250 estudiantes reprimidos e ilegalmente detenidos, así el régimen universitario menemista y radical de aquellos años quería consumar el peor ataque a la educación pública.
Una vanguardia forjada en la lucha contra el menemismo
Aquella vanguardia estudiantil no surgió de un día para el otro. Se fue forjando al calor de la lucha contra la LES: en las tomas, en las asambleas, en la coordinación entre facultades, y en la acción directa votada colectivamente, participando de los intentos de coordinación nacionales como el Encuentro de Estudiantes Combativos en Córdoba, etc. Además de tener enfrente a un régimen duro, con las autoridades universitarias, el gobierno provincial y nacional, y las fuerzas represivas actuando en un mismo sentido.
En ese proceso, el surgimiento de HIJOS en La Plata sumó un elemento a las movilizaciones: la irrupción organizada de las banderas de Memoria, Verdad y Justicia como parte del programa de lucha de una nueva generación, enfrentando la impunidad y señalando que la violencia estatal no era un “accidente”, sino un mecanismo de disciplinamiento social.
Esa combinación de democracia de base, acción directa, coordinación y una perspectiva política que ligaba educación pública con derechos humanos y luchas sociales, fue lo que le dio la combatividad y referencia al movimiento estudiantil platense.
Las corrientes políticas que orientaban con preponderancia al movimiento estudiantil de aquella época, ubicadas en la oposición tanto al menemismo como a la Franja Morada, tuvieron una estrategia limitada al “luche que se van”, acciones combativas al servicio del “chau menem” que preparó el terreno para el desvío político del delaruismo que terminó en las jornadas del 2001, reventando por los aires todo el sistema político.
La recuperación y continuación de la tradición combativa del movimiento estudiantil platense, tiene que estar puesta en perspectiva de otra estrategia política, desde la cual se pueda pensar como sintetizó el mayo francés “pasar de la crítica de la universidad de clases, a la crítica de la sociedad de clases”.
1995: apuntes sobre la lucha de las universidades contra el menemismo
1995: apuntes sobre la lucha de las universidades contra el menemismo
Lecciones a treinta años: recuperar la tradición combativa y fortalecer agrupaciones de lucha
Si recordamos el 20 de febrero no es solo por memoria: es porque hoy, treinta años después, el gobierno de Milei y sus cómplices vuelven a atacar al conjunto de los trabajadores, a los jubilados, a la salud y a la educación, y viene por todos nuestros derechos.
La madrugada de éste 20 de febrero de 2026, la Cámara de Diputados aprobó una reforma laboral impulsada por Milei y las grandes patronales, con puntos como el abaratamiento de los despidos, la ampliación de la jornada laboral y límites al derecho a huelga, entre otros ataques y la devolvió al Senado para que la transforme en Ley el próximo viernes. En paralelo, se profundiza el ajuste sobre jubilaciones y condiciones de vida, mientras se consolida un programa de motosierra, formateado por el FMI igual que en aquellos años, que degrada el acceso a derechos elementales.
Las luchas de los 90 fueron parte de la resistencia al menemismo y a un régimen que buscaba imponer por la fuerza sus políticas neoliberales. En esa década, también se fue moldeando una militancia estudiantil y de izquierda que enfrentó a la Franja Morada y a las conducciones adaptadas a la institucionalidad, y que se fortaleció en el fuego de esas peleas.
Una importante lección de los años 90’ es que el movimiento estudiantil no puede pelear aislado. Porque cuando el poder quiere imponer reformas reaccionarias, lo hace en alianza entre gobierno, autoridades y fuerzas represivas. Frente a eso, la única respuesta eficaz es la unidad con docentes, nodocentes, trabajadores ocupados y desocupados, jubilados y todos los sectores atacados.
Hoy, después de años de pasivización, la Franja Morada volvió a ganar preponderancia y convive con diversas vertientes del peronismo universitario en una lógica de gestión del Rectorado. En ese marco, muchas corrientes que alguna vez se presentaron como “combativas” terminaron adaptadas a la administración con centros que funcionan como oficinas de servicios, política reducida a trámites y una orientación que pretende mantener al estudiantado al margen de las grandes disputas nacionales.
Frente al plan de Milei, hace falta lo contrario, desarrollar agrupaciones estudiantiles combativas, que retomen con fuerza estás tradiciones de lucha, que impulsen asambleas democráticas, coordinación interfacultades, y que organicen la lucha en unidad con el movimiento obrero. Porque el avance de Milei tiene que encontrar un movimiento estudiantil autoorganizado, dispuesto a pelear junto a los trabajadores, con un programa que defienda la universidad pública, los derechos laborales y las jubilaciones, y que enfrente la represión.
