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Tiene razón el FMI o el gobierno?

El gobierno logró un rápido descenso de la inflación gracias a un ajuste fiscal sin precedentes. Sin embargo, la acumulación de reservas sigue siendo un desafío. La principal razón es que para ir más rápido en la estabilización se apeló a subordinar la política cambiaria a la meta de bajar la inflación. En diciembre de 2023, las reservas del Banco Central ascendían a 23 mil millones de dólares; un año después, habían aumentado a 30 mil millones, pero para marzo de 2025 volvieron a caer a 26 mil millones y continúan bajando.

Es cierto que una razón por la que no se acumulan reservas es que se usaron los dólares para pagar deuda externa. Pero el debate sobre el nivel del tipo de cambio está muy activo. Fiel a su estilo, el presidente Javier Milei descalificó a quienes advierten sobre el problema. Para el presidente los economistas parecen un «disco rayado».

La mera discusión sobre flexibilizar el régimen cambiario se ha convertido en un tabú, porque inmediatamente se asocia con la temida palabra: devaluación. Pero los movimientos en el mercado financiero reflejan una preocupación que es aún más acuciante entre quienes perciben crecientes dificultades para exportar o competir con importaciones.

Y apareció el FMI

El contexto llevó al gobierno a intentar reforzar las reservas del Banco Central a través de un nuevo acuerdo con el FMI. El objetivo es reprogramar los vencimientos de deuda de los próximos años y obtener fondos adicionales que aumenten los márgenes de maniobra del Banco Central. El planteo derivó en una situación inédita y paradójica. Por primera vez, la Argentina llega a una negociación con el FMI cumpliendo con las metas fiscales.

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Sin embargo, la firma del acuerdo no parece simple. La aparente razón principal: la negativa del FMI a otorgar más dólares sin una revisión de la política cambiaria y la resistencia del gobierno a introducir cualquier modificación antes de las elecciones por temor a un impacto inflacionario que afecte su desempeño en las urnas.

El FMI tiene razones para insistir en un ajuste cambiario. Según datos del Banco Central, en los primeros dos meses de 2025, la balanza comercial de bienes arrojó un superávit de 1.200 millones de dólares, pero la balanza de servicios —donde el 85% corresponde a turismo en el exterior— registró un déficit de 2.200 millones. Además, el pago de intereses de deuda externa sumó otros 2.000 millones. En total, la necesidad neta de divisas ascendió a 3.000 millones de dólares, una brecha que se cubrió con una entrada neta de capitales de 1.000 millones y la utilización de 2.000 millones de reservas.

Desde la óptica del FMI, inyectar más dólares sin un cambio en la política cambiaria implicaría utilizar las reservas para intervenir en el mercado y sostener artificialmente la apreciación del peso. Esto implica, como ya ocurrió en el pasado, alimentar un insostenible drenaje de divisas para la fuga y el turismo en el exterior.

El gobierno tiene también buenos argumentos para resistir cambios en el régimen cambiario. En un país donde la cotización del dólar es el principal termómetro que sigue la población cualquier tipo de alteración puede derivar en un cambio de humor que comprometa su éxito eleccionario.

¿Y si desempolvamos el Acta de Mayo?

La evolución del mercado cambiario sugiere que mantener el esquema actual hasta las elecciones es riesgoso. No sólo implica un drenaje continuo de reservas, sino que también perjudica a los sectores exportadores y a los que compiten con importaciones, debilitando la confianza en la economía.

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Una alternativa más efectiva sería adoptar un régimen cambiario más flexible, que permita equilibrar la oferta y la demanda de divisas. Un tipo de cambio menos rígido podría desalentar las importaciones y la fuga de dólares por turismo en el exterior, al tiempo que incentivaría las exportaciones y la inversión extranjera. Si bien un ajuste cambiario podría generar un repunte de la inflación, su impacto sería moderado y transitorio en un contexto de superávit fiscal. A cambio, fortalecería sectores productivos clave.

La mejor manera de acotar los impactos inflacionarios del cambio en el régimen cambiario es darle una mayor dinámica al proceso de reformas estructurales. Esta es la herramienta con la que cuenta el gobierno para compatibilizar la necesidad de flexibilizar la política cambiaria sin afectar sus aspiraciones políticas.

Una señal clara y creíble de que la Agenda de Mayo se pondrá en marcha—por ejemplo, ordenando el sistema previsional tras el fin de la moratoria—no sólo facilita el acuerdo con el FMI sino que mejora las expectativas económicas. Un shock de reformas no solamente mitigaría el impacto inflacionario de un ajuste cambiario, sino que también consolidaría el crecimiento. Los controles sobre el mercado cambiario transitoriamente pueden ayudar a la estabilización. Pero la manera genuina de estabilizar y crecer es en base a reformas que mejoren la competitividad, reduzcan el riesgo país y faciliten la renovación de la deuda pública.

(*) Coordinadora de Investigación de IDESA

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