Retener peces en un río profundo, donde anclamos prudentemente fuera del paso de grandes buques para trabajar líneas a unos 15 metros de profundidad, sólo tiene un gran secreto: buena ceba y el posicionamiento correcto de la lancha. El ahorro de tiempo en navegación, bien compensa perder unos minutos en esta vital maniobra, que luego nos hará vivir momentos de verdadero frenesí cuando varias cañas se arqueen al mismo tiempo.
Que un pesquero a sólo 70 kilómetros de Capital Federal nos pueda dar carpas de dos cifras, bogas de hasta 6 kilos y la más rica variada compuesta de armados, manduvas, surubíes y dorados, nos pone en presencia de un sitio a tener muy en cuenta en la agenda grande de los pescadores.
Piques a metros del club
Ese sitio es el Paraná de las Palmas a la altura de Campana, con punto de partida en el Campana Boat Club, institución señera de la náutica y la pesca, y sede de buena parte de la vida social campanense. Desde allí partimos junto a mi compañero Néstor en la lancha de nuestro guía de referencia en la zona, Fabio Rodríguez, conocido en el medio de la pesca como El Pupi, joven misionero que combina en sus pocos años la experiencia de un guía avezado y su trato cordial que lo hace muy querible para su clientela.
Hay muchas ventajas comparativas que hacen que pescar aquí tenga múltiples opciones. La primera de ellas: se navega poco, apenas unos 200 metros y estamos en zona de pesca, en el medio del Paraná de las Palmas. Pero de ningún modo la cosa pasa por anclar y tirar. No señor, nuestro guía primero ceba bien la zona a trabajar, bajando una bolsa de maíz en remojo, y luego se posiciona aguas arriba para poder maniobrar precisamente por el área donde va desgranando la ceba. Esto empieza a amontonar al rato armados, bogas y carpas en esta zona de unos 12 a 20 metros de profundidad.
Trabajamos un poco corridos del canal por donde pasan los grandes barcos. El fondo, como atestiguarán algunos anzuelos que vendrán enganchados en bochones de mejillón asiático, cuenta con estos bivalvos que son ya de por sí un cebadero natural que se suma al aporte hecho por el guía. Las líneas son otro componente clave del éxito en esta pesca. Las que arma el guía son bien particulares, pues están hechas con una sola brazolada, de 1,70 metro, rematada en un manojillo de anzuelos sobre los cuales montamos granos de maíz fermentado. Así, en vez de una brazolada con dos o tres granitos en un anzuelo, queda una pequeña pelota con varios anzuelos encarnados con 6 o 7 granos cada uno, por lo que la oferta para el pez es más tentadora y la clavada para el pescador se hace más fácil.
Equipos adecuados
Las cañas deben ser algo robustas, pues aquí no se trata sólo de evaluar el tamaño del pez a pelear sino de saber que vamos a operar con un plomo con agarradera de más de 120 gramos. Por eso, usamos cañas de 2,40 con tip algo más grueso que las bogueras tradicionales (15-30 lb; 1 lb = 453,5 g) pues hay que lanzar un plomo de 100 gramos con agarraderas para que la línea no camine en el fondo. Nuestro guía mantiene preferencias por el nailon para la pesca de omnívoros, mientras que en nuestro caso, usando multi de carga base, rematamos con un par de metros finales de nailon del 0,50 o fluorocarbon del 0,50 para facilitar los remates de pelea, donde solemos tomar de esa parte la línea para arrimar las bogas al copo.
Los piques son francos, no dejan lugar a dudas. Y pueden venir desde mansos armados menores –que fueron los que dieron el arranque en esta jornada–, a bravías bogas de hasta 5 kg y más también, siendo usuales de las de kilo a dos y medio.
Más de 10 kilos
Pero cuando pica una carpa, la cosa se pone seria, porque se convierten en verdaderos submarinos apoyados en la fuerte correntada aguas abajo. Y como suelen pasar los 10 kilos, hay que armarse de paciencia para arrimarlas hasta que el copo certero del guía las sube a bordo. En esta jornada logramos tres ejemplares y cada uno demandó más de 10 minutos de pelea.
Las bogas esta vez fueron de menor a mayor. El tamaño más usual es el de kilo a kilo y medio, que es la más activa. Pero también cobramos ejemplares de 2 y 3 kilos, y una que rompió el molde y pasó los 5 kilos. Su fuerza es incomparable y si antes hablamos de la paciencia que hay que tener para izar una carpa, con una boga de éstas no sólo hay que tener paciencia, sino extremar los cuidados y regular bien la estrella, no simplemente para evitar el corte de línea, sino para evitar desgarros en la boca del pescado, que puede estar apenas pinchado del labio y no lo queremos perder. Tarde o temprano se terminará entregando, así que es cuestión de dejarla cansarse en sus interminables corridas hasta que se rinda mansamente al copo certero del guía.
Por último, hemos probado suerte con postas de amarillo y cascarudo para tentar a grandes cazadores. Estos abundan, especialmente los dorados, que en esta ocasión nos dieron ejemplares de 3 a 5 kilos. Son un delirio cuando saltan a lo lejos tras ser clavados.
Asegurar la clavada
Aquí usaremos cañas de 15 -30 lb para reeles rotativos y el multifilamento será la mejor opción de carga, pues su falta de estiramiento permite mejores clavadas a distancia, máxime cuando hay que hincar un anzuelo grande en una boca extremadamente ósea como la de los dorados y surubíes.
¿Sacaremos un amarillo grande? Puede pasar, pues estos glotones también se tientan con el maíz fermentado. Entonces podemos encarnar en uno con dos anzuelos en tándem, pinchándolo detrás de la aleta dorsal y antes de la caudal, por la parte superior, dejando vivo al animal y usando un plomo de 50 gramos que ayude a llevarlo al fondo. Verán las tremendas corridas que tendrá esa caña, donde seguramente buenos dorados se disputarán el bocado. Eso sí, hay que clavar reiteradamente (haciendo pumping) para asegurarnos de que el pez haya quedado bien clavado antes de iniciar la pelea.
Parafraseando a un tal Fito Páez, músico argentino por excelencia, podríamos decir que “Campana siempre estuvo cerca”. Y tiene de todo: cantidad y calidad. Sólo falta usted probando suerte. Vaya y disfrute.